¿Todo está en la mente?

¿Todo está en la mente?

Una antena repetidora en la azotea

Hace unos meses escuché una anécdota impresionante.

Una conocida institución judía de Jerusalén sopesaba la idea de prestar la azotea de su edificio a una empresa de telefonía celular. La empresa quería instalar allí una antena repetidora de señal móvil y estaba dispuesta a remunerar por ello a la institución. Para llevar a cabo la instalación, la institución eligió informar a los vecinos sobre el asunto para evitar posibles conflictos a futuro. Por lo que resolvió no llevar a cabo la instalación sin el consentimiento de los vecinos.

Juego empatado

Cuando consultaron a los vecinos, éstos se opusieron rotundamente a la instalación de la antena, pues habían escuchado que la ondas electromagnéticas emitidas por la antena constituyen un peligro para la salud. Por su parte, la institución se avocó a investigar si había o no un peligro real. Para su sorpresa encontraron que no existen evidencias científicas de que el campo electromagnético de las antenas sea dañino para la salud. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lleva años indagando y no han podido concluir que las antenas representen un peligro para las poblaciones cercanas, tomando en cuenta la distancia y altura a las que están ubicadas (aquí el informe de la OMS).

En vista de aquello, la institución rápidamente abordó a los vecinos para persuadirlos de aceptar la instalación. Para su sorpresa, los vecinos se mostraron reacios a aceptar los argumentos, continuaron rechazando la propuesta, pues aún sospechaban del posible peligro que conlleva una antena, pese que ello no esté demostrado científicamente.

¿Prevalece la razón?

En la práctica surge la pregunta: ¿Qué hacer? Por un lado, los vecinos no están dispuestos a debatir los hechos concretos y se muestran obstinados en su posición. Por otro lado, la institución tiene un interés concreto en proceder con la instalación, pues el beneficio económico que pueden obtener es muy necesario para sus actividades. ¿Cómo se debe proceder en este caso? ¿La institución tendría derecho a proceder con la instalación, pese a la oposición de los vecinos? ¿Tienen derecho los vecinos a privar el beneficio económico que la institución podrían obtener? ¿Es válida su postura tan subjetiva, la cual omite un análisis de los datos concretos?

Creer en supersticiones

R. Itzjak Zilberstein, en su libro Ajat Shaalti 3 (pág. 215 – 217) trata un caso similar y, entre sus argumentos, cita una enseñanza de los sabios que afirma que «lo que uno teme, se manifiesta en la realidad» (Nedarim 32 y en Shabat 6:9 del Yerushalmi).  Además cita las palabras del R. Baruj Epstein (1860 – 1941) en su libro Torá Temimá, donde dice: «… es parte de la naturaleza humana, que toda idea en la cual uno cree e invierte su energía, acaba persiguiéndolo a uno en la realidad». Y lo impresionante de todo esto es que se trata de alguien que cree en supersticiones que en verdad no cuentan con una base real y en las que el judaísmo prohíbe creer. Pese a todo ello, uno que invierte su pensamiento y su energía en esas ideas, acabará manifestándolas en su vida. En cierto modo, el enfoque de una persona tiene el poder de atraer situaciones a su vida.

El poder de la manifestación

Nuestros Sabios (Macot 10b) enseñan que por el camino que un hombre desea ir, por allí lo conducen. Eso significa que el deseo que uno expresa a través de sus pensamientos, palabras y acciones crea una especie de “frecuencia espiritual” capaz de transmitir ese deseo al universo y transformarlo en hechos concretos en la vida. Dios maneja nuestras vidas de acuerdo con la energía que nosotros mismos emitimos, tanto si lo hacemos de forma consciente o no. Hay quienes llaman a este ese fenómeno “ley de la atracción”. Nuestros Sabios se adelantaron y definieron esta ley mucho antes (Véase la explicación del Maarshá, R. Shemuel Eliézer Ídels 1551 – 1631, sobre la enseñanza mencionada). En mi libro, «Propósito» – El eje central de una vida apasionante, hablamos sobre el poder de la mente para la definición del propósito individual de uno.

La influencia de la mente sobre el cuerpo y el alma

El Rav Eliyahu Dessler, en su libro Mijtav MeEliyahu (pág. 259) alude a esto, y asegura que las creencias que uno alberga en su mente subconsciente afectan su realidad física. Por ejemplo, la mente tiene el poder de curar una enfermedad o —Dios nos libre— de crearla. Asimismo, las creencias subconscientes afectan el mundo emocional y espiritual de la persona. Uno puede moldear su carácter, si aprende a moldear sus creencias subconscientes.

Mejor prevenir que lamentar

En cuanto al caso mencionado al principio, supe que las autoridades rabínicas recomendaron a la institución no proceder con la instalación de la antena, pues la creencia colectiva de que ésta constituya un peligro puede provocar daños de salud en las personas de la zona. Y, a pesar de que los daños serían únicamente por la sugestión subjetiva de la gente, es preferible evitarlos. ¡Impresionante!

Querido lector, ¿has examinado tus propias creencias? ¿te gustaría crear en tu mente prosperidad y abundancia? ¿Cómo crees que tu vida mejoraría? ¡Te deseo el mayor de los éxitos!

Dedicado por Jaime Elgaly en memoria de Hay Ben Bahie z»l.

En memoria de Oro Bat Esther y para la pronta recuperación de Yaacov Ben Sara.

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